Lección 18

NAHUM, SOFONÍAS, HILCÍAS Y HABACUC.

 

By: Rolan | Diciembre, 2010 Os Cristitos Rekord's ® | Reservados los derechos | Condiciones de uso

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Nahúm

 

De Nahúm, cuyo nombre significa “consolación”, casi nada se sabe, salvo la breve información con que comienza esta profecía. Todo lo que se puede saber de Nahúm lo sacamos del capitulo 1:1 y dice que era de Elcos, no nos dice mucho, ya que se desconoce la localización de este pueblo. Aunque hay dos posibilidades:

 

1-      Capernaum: la ciudad de Galilea tan prominente en el ministerio de Jesús, significa “Pueblo de Nahúm”, esto hace creer que ahí o por ahí estaba Elcos. Nahúm profetizó en Judá durante los reinados de Manasés, Amón y Josías. Sofonías, Habacuc y Jeremías fueron contemporáneos suyos.

2-      También había un Elcos cerca de Jerusalén.

 

Cristo se revela

 

Nahúm presenta a Jesucristo, fortaleza en el día de la angustia.

 

Fecha

 

En Nahúm 3:8–10, el profeta hace un recuento de la suerte corrida por la ciudad egipcia de Tebas, destruida en el 663 a.C. La caída de Nínive ocurrió en el 612 a.C. La profecía de Nahúm se puede fechar entre estos dos acontecimientos, unos sesenta años aproximadamente entre uno y otro. Lo más probable es que este mensaje haya sido anunciado poco antes de la destrucción de Nínive.

 

Historia

 

El reino de los asirios, con su capital Nínive, había sido muy próspero varios siglos antes de que el profeta Nahúm apareciera en escena. Su territorio, que sufrió varios cambios a lo largo de los años con las conquistas y derrotas sufridas por sus gobernantes, se hallaba al norte de Babilonia, entre los ríos Éufrates y Tigris, y se extendía incluso más allá de éstos. Antiguos documentos dan testimonio de la crueldad ejercida por los asirios contra otros pueblos. Los reyes asirios se vanagloriaban de su barbarie, y celebraban los abusos y torturas hacían a las naciones conquistadas.

En los años 722–721 a.C., los asirios conquistaron el reino septentrional de Israel, mientras amenazaban seriamente a Judá, el reino del sur. Sólo la intervención divina impidió la profanación de Jerusalén pocos años más tarde, en el 701 a.C. (1R. 17–19). Ahora, casi un siglo después, el imperio cuyas atrocidades hicieron temblar al mundo, y que actuó como instrumento de Dios contra un Israel pecador, se balanceaba al borde del precipicio de la destrucción divina.

La caída del imperio asirio, que culminó con la destrucción de su capital Nínive, en el 612 a.C., es el tema al que está dedicada la profecía de Nahúm.

 

Nahúm es el profeta que anunció la caída de Asiria un enemigo cruel en extremo.

Poca gente es capaz de mirar cara a cara a un poder tan grande y cruel como el asirio y no dejarse impresionar. Nahúm lo pudo hacer porque conocía un poder más grande, pues, se necesitaba valor para ponerse en pie ante este imperio y predecir su caída. Nahúm habló con confianza porque conocía el carácter de Dios (1:3).

Recordemos que la ira de Dios contra Nínive no apareció de la noche a la mañana. Asiria dominó el medio oriente durante trescientos años. Jonás había llevado el mensaje una vez y la ciudad se arrepintió; sin embargo, no duró mucho, en los días de Nahúm habían vuelto a su maldad.

 

Enseñanza para nuestra vida

 

Nahúm describe gráficamente lo serio que aparece el pecado ante los ojos de Dios. Aunque su misericordia y paciencia pueden hacer que posponga el juicio durante un tiempo, Dios anunciará inevitablemente el día en que habrá que rendir cuentas. Su juicio y su justicia son inseparables, ningún poder humano o sobrehumano puede resistir su fuerza. Su dominio se extiende sobre todo lo que existe, y se sienta sobre el estrado como juez que juzga tanto a los individuos como a las naciones.

Nahúm llama a una seria reflexión, y advierte contra el sutil pecado de creer que podemos vivir apartados de la voluntad y los caminos de Dios. Nos reprime por habernos considerado demasiado firmes y seguros en nuestra fe, porque Asiria, una vez instrumento de Dios, ahora es objeto de su ira. Las palabras duras Dios dirigió a Nínive: “Heme aquí contra ti” (2:13). Con tales presagios, reflexionar con seriedad nos conducirá de seguro a un arrepentimiento sincero.

Abusar de otros constituye un pecado a los ojos de Dios. Asiria construyó un gran imperio despojando y saqueando a otros; los imperios nacionales o personales fundados en el engaño y la tiranía ofenden al Señor y serán juzgados por Él. Una vida de impiedad conduce eventualmente al aislamiento, no sólo de la gente, sino de Dios. Los demás se apartarán de nosotros y finalmente Dios se verá obligado a juzgarnos (3:19).

Su juicio contra los pecadores queda eclipsado por su misericordia hacia los fieles. Extiende su condenación sobre el orgulloso, el arrogante y el rebelde. Da consuelo al humilde, al devoto y al fiel.

La largamente esperada destrucción de Asiria, enseña que la bondad y la justicia de Dios prevalecen, a pesar de lo contradictorias que parezcan las circunstancias. Su preocupación por su pueblo no cesa, aunque a veces parezca indiferente o tardo en actuar. El antídoto del desaliento entre los creyentes es una visión revitalizada de la persona y el poder de Dios, una renovada comprensión de que el castigo corresponde a Dios, no a nosotros. La verdadera fe deja el juicio en manos del Señor.

La verdad del juicio de Dios sobre el pecador y el pecado debe mover a los creyentes a un nuevo esfuerzo evangelístico. Aquellos a quienes no llevemos el mensaje del evangelio puede que deban enfrentar la ira de Dios.

 

Sofonías

 

Este profeta cuyo nombre significa “protegido de Jehová” anunció con más vigor y en un tono más fuerte la verdadera naturaleza de “el día de la ira de Dios”.

Con respecto a la época es muy fácil saberlo porque Sofonías es el único profeta que presenta una genealogía  clara de cuatro generaciones (1:1), esto es aproximadamente en el año 630 a.C. Tal parece que pertenecía a la familia real descendiente directo de Ezequías y pariente del rey Josías, bajo cuyo reinado ejerció su ministerio. Hasta aquí habían pasado cien años desde que Israel fue llevado cautivo por Asiria. Se puede decir que este es el último intento por detener la caída de la nación.

En el panorama mundial, Asiria estaba por caer y con ella la ciudad de Nínive (la capital <2:12>)

La tradición dice que Sofonías estaba asociado con Hulda la profetiza (2R. 22:14) y con Jeremías en la iniciación de la reforma del reino.

En conclusión: la profecía de Sofonías fue en su momento un estruendoso toque de trompeta que llamaba al pueblo de Dios a la humildad y la rectitud, ante el día de la ira inminente de Jehová. Pocos escritores bíblicos describen la ira de Dios, o el gozo de Dios, tan vívidamente como Sofonías.

 

Enseñanza para nuestra vida

 

Sofonías contiene cuatro lecciones de valor permanente, tanto para los creyentes como para los no creyentes:

 

1-      Dios es justicia perfecta, así como perfecto amor (3:5). Si se ignora continuamente el llamado al arrepentimiento, el juicio de Dios vendrá inevitablemente.

2-       El castigo no es una opción de Dios, porque “de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su   hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Jn. 3:16).

3-       Siempre existe la posibilidad de que la gente, contentándose con la prosperidad económica (1:10–13), y con la participación en los ritos de una religión bien estructurada, no obedezca la voz de Dios, ni preste atención a la reprensión divina, ni busque acercarse al Señor (3:2). Aun más trágico es no tener conciencia de ese vacío espiritual.

4-      Aun a los rebeldes, Dios les hace un llamado final al arrepentimiento (2:1–3). El remanente que se humilla y busca la justicia será apartado del día de la ira del Señor (2:3). Serán reunidos junto a Él y sanados (3:18), porque Dios mora en medio de ellos (3:17). Esta eterna promesa, hecha al pueblo de Dios, es la esencia del evangelio.

 

Cristo se revela

 

Sofonías presenta a Jesucristo, El Señor celoso.

 

Hilcias

 

Más de uno se podrá preguntar por qué está el sacerdote Hilcias junto a estos personajes de la Biblia.

El cuadro general del reino dividido tiene a Isaías por centro; dos hombres de Dios lo preceden: Elías y Elíseo; dos lo suceden: Hilcías y Jeremías. O sea, que este personaje es paralelo o contemporáneo a Jeremías que también pertenecen al periodo de estos tres: Nahúm, Sofonías y Habacuc.

Recordemos que este estudio no es de libro por libro según el orden de nuestra Biblia, sino que tratamos de ver la historia bíblica en orden cronológico y así tener una visión más clara de los acontecimientos.

 

Historia

 

El período de Hilcías, es aquel en que la acción divina se hace sentir a través de este gran sacerdote. Es un período relativamente corto, y su registro aparece en pocos capítulos; a saber: 2ª de Reyes 21 al 23 y 2ª de Crónicas 33 al 35. El reino de Israel, o del norte, había sido ya llevado al cautiverio. Es por esto que en el cuadro para esta lección aparecen solamente los reyes del sur. Son tres: Manases, Amón y Josías. Manases, hijo de Ezequías, aunque hubo tenido tal padre, fue un mal rey; por lo menos al principio. Los registros de 2ª de Reyes 21 y 2ª de Crónicas 33 así lo comprueban. A pesar de la situación desastrosa, Dios dio una lección a Manases, y él supo recibirla. Fue llevado al cautiverio, y allá aprendió a humillarse. Se arrepintió. Volvió del cautiverio, y consiguió terminar su reinado de modo satisfactorio. El hijo de Manases tuvo un reinado rápido. "Nunca se humilló delante de Jehová, como se humilló Manases su padre" (2Cr. 33:23). Fue asesinado. El texto dice: "Y conspiraron contra él sus siervos, y lo mataron en su casa" (v. 24).

El tercer rey del período fue Josías, el cual llevó a cabo un interesante avivamiento.

Si queremos, podemos valernos de interesantes recursos mnemotécnicos. Juzgamos conveniente observar, por ejemplo con relación a los reyes, que el periodo de Elíseo termina con Uzías; el período de Isaías termina con Ezequías; el período de Hilcías termina con Josías.

 

 

Enfoquemos la atención sobre el rey Josías y el sacerdote Hilcías (véase 2Cr. 34). En el año octavo de su vida, Josías comenzó a reinar. En el año octavo de su reinado hubo un despertamiento espiritual. Tenía dieciséis años, y estaba vivamente impresionado con la situación espiritual suya y la de su pueblo; así que comenzó a buscar al Dios de David su padre. En el año duodécimo comenzó a purificar Jerusalén. Tenía veintiséis años cuando comenzó la reparación del templo. Ya aparece, en esa ocasión, la referencia a Hilcías.

Hilcías era el sumo sacerdote en ese entonces, y halló el libro de la ley. Este fue el gran acontecimiento. Es digno de notar que inclusive antes del hallazgo del libro ya hubo preocupación en cuanto al problema de la vitalidad espiritual del pueblo. El libro fue sólo hallado cuando se reparaba el templo, por el año décimo octavo del reinado (véase 2Cr. 34: 8,14). Quizá otras partes de la Biblia despertasen, de cierto modo, la vibración espiritual del sacerdote Hilcías, el iniciador del avivamiento. Fue grande la influencia de ese anciano piadoso.

 

Hilcías, el secreto de la vida espiritual de la época, fue un hombre de confianza. A él fue entregado, no solamente el dinero para la reconstrucción de la casa de Dios, sino también, después de encontrado el libro, todas las riendas del movimiento de despertamiento espiritual. El es quien fue enviado a Hulda, la profetiza. Aunque sacerdote, y no primariamente profeta, fue él, Hilcias, quien estuvo al frente del movimiento religioso. El pueblo todo vibró. El rey mandó juntar bastantes animales para los sacrificios y, por medio de correos especiales, convocó a todo el pueblo para la celebración de la pascua. Se vivió una intensa emoción colectiva, como no la hubiera desde los tiempos del profeta Samuel. Durante todo el tiempo de Saúl, David o Salomón; durante todo el periodo de Elías, Elíseo, y aun de Isaías, no había habido semejante fiesta espiritual. Pero, ahora, el despertamiento tuvo ámbito nacional.

 

Influencia de Hilcías

 

Josías era, como vimos, un niño cuando comenzó a reinar. Un niño que comienza a reinar necesita de alguien que le sirva de tutor. En este caso, el tutor fue Hilcías.

Hilcías, porque él era el sumo sacerdote.

Hilcías, porque a través de todos estos capítulos su nombre aparece como el hombre a quien se pide consejo, y de quien se busca dirección. Si no fuese por la personalidad simpática de Hilcías, que estimula el avivamiento, que halla el libro de la ley, que se torna en instructor del pueblo de Israel, probablemente el propio rey, tan niño y sin experiencia, hubiera sido llevado por otros rumbos.

Este periodo, como vimos, es menor que los otros en extensión; sin embargo, no en importancia. Las consideraciones al respecto de Hilcías nos proveen informaciones sobre su contemporáneo, el profeta Sofonías. Sofonías profetizó en los días de Josías, hijo de Amón, rey de Judá (véase Sof. 1:1). Sin duda alguna, es el mismo periodo de Hilcías. El libro de Sofonías tiene tres capítulos. Su análisis es muy fácil. Si recordamos que el cautiverio ya había tenido lugar para el reino del norte, y que estaban frescas las impresiones de su caída.

 

Habacuc

 

Cristo se revela

 

Habacuc presenta a Jesucristo, el Dios de nuestra salvación.

 

Introducción

 

El nombre de “Habacuc” significa “ceñir”, lo mismo en el sentido de ser “ceñido por Dios”, y así fortalecido por Él para llevar a cabo su difícil tarea, como “ceñir a otros”, y así alentarlos en tiempos de crisis nacional. La nota final dedicada al músico principal (3:19) quizás signifique que Habacuc estaba acreditado, como miembro de la familia levítica, para dirigir el culto en el templo.

El libro comienza con la indagación del profeta por causa de la violencia y de que Dios aparentemente no hace nada (1:2).

El propósito principal del profeta fue predecir la caída de los babilonios y así traer consuelo a Judá en la hora oscura de su cautiverio.

 

Fecha

 

Con respecto a la época no hay indicaciones pero parece que pertenece al tiempo inmediato antes del imperio babilónico como poder mundial. Probablemente escribió su libro en el intervalo entre la caída de Nínive, en el 612 a.C., y la caída de Jerusalén en el 586 a.C.

O sea que el mensaje de Nahúm ya se había cumplido. De todas formas es evidente que Habacuc vivió en este tiempo en el que los caldeos ya estaban sobre Judá, aunque la destrucción del templo no se consumaba, la desolación de la ciudad se acercaba.

 

 

 

El Libro

 

Habacuc ofrece un relato de una jornada espiritual, testimonio del peregrinaje espiritual de un hombre que transita de las dudas a la fe. La diferencia entre el comienzo del libro (1:1–4) y su final (3:17–19) es impresionante.

En los primeros cuatro versículos Habacuc demuestra estar abrumado por las circunstancias que le rodean. No puede pensar en otra cosa que no sea la iniquidad y la violencia que ve en medio de su pueblo. Aunque se dirige a Dios (1:2), cree que Él se ha ido de la escena terrestre: Sus palabras han sido olvidadas; su mano no se manifiesta; Dios no puede ser hallado en ninguna parte. Los hombres están en control de todo y, lo que es peor, los hombres malos.

Si lo central del evangelio es el cambio y la transformación, el libro de Habacuc demuestra una renovación evangélica. En el centro del cambio y en el centro del libro, se alza este claro credo de fe: “El justo por su fe vivirá” (2:4). Para el profeta la promesa es para protección física en tiempos de insurrecciones y guerra. Cuando la anunciada invasión extranjera se convierta en una realidad, ese remanente de justos para quienes Dios es su Señor, quienes confían y dependen de Él, serán liberados y vivirán. Para algunos escritores del Nuevo Testamento, como Pablo y el autor de Hebreos, esta declaración de confianza y fe, se convierte en evidencia del poder del evangelio para darnos la certeza de la salvación eterna. Para Martín Lutero, este tema de Habacuc se convirtió en el lema de la Reforma.

El libro de Habacuc es muy singular entre todos los libros proféticos, porque todo el libro es un dialogo entre Dios y Habacuc.

 

HABACUC NO SE QUEJA EN CONTRA DE DIOS

HABACUC SE QUEJA CON DIOS

 

 

Este personaje nos muestra como funciona la ley de la siembra y la cosecha (2:8; 3:14). Los propios enemigos de los babilonios los trataban como ellos habían tratado a los demás.

A veces el poder de Dios no es visible, pero el

que tiene fe sabe que Dios esta detrás de todo.

 

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